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Santa
María Goretti nació en 1890 en Italia.
Su padre, campesino, enfermó de malaria y murió.
Una
tarde, María estaba sentada en lo alto de la
escalera de la casa, remendando una camisa. Aunque
aún no cumplía los doce años,
era ya una mujercita. |
Alejandro, un joven de 18 años, subió las
escaleras con intención de violar a la niña.
María
opuso resistencia y trató de pedir auxilio; pero
como Alejandro la tenía agarrada por el cuello, apenas
pudo protestar y decir que prefería morir antes que
ofender a Dios. Al oír esto, el joven desgarró
el vestido de la muchacha y la apuñaló brutalmente.
Ella cayó al suelo pidiendo ayuda y él huyó.
María
fue transportada a un hospital, en donde perdonó
a su asesino de todo corazón, invocó a la
Virgen y murió veinticuatro horas después.
Alejandro
fue condenado a 30 años de prisión. Por largo
tiempo, fue obstinado en no arrepentirse de su pecado, hasta
que una noche, tuvo un sueño en el que vio a la niña
María, recogiendo flores en un prado y luego ella
se acercaba a él y se las ofrecía. A partir
de ese momento, cambió totalmente y se convirtió
en un prisionero ejemplar. Se le dejó libre al cumplir
27 años de su condena. Al salir de la cárcel,
una noche de Navidad, la de 1938, pidió perdón
a la mamá de María, y aquella noche, en la
misa de Gallo, comulgaron juntos.
El
caso de María Goretti se extendió por todo
el mundo. En 1947, el Papa Pío XII la beatificó
y en 1950 la canonizó. En la ceremonia estuvieron
presentes su madre, de 82 años, dos hermanas y un
hermano. Y, aunque parezca increíble, también
asistió Alejandro, el arrepentido asesino de la santa.
Santa María Goretti fue santa no por el hecho de
tener una muerte injusta y violenta, sino porque murió
por defender una virtud inculcada por la fe cristiana. A
esta santa se la llama la “Mártir de la pureza”.
Sus imágenes la representan como una campesina con
un lirio en la mano, que es el símbolo de la virginidad,
y con la corona del martirio.
María
Goretti era una muchacha soltera que conocía el valor
del matrimonio y de las relaciones sexuales. Sabía
que la complementariedad de los sexos se manifiesta plenamente
en el acto sexual, en el cual el hombre y la mujer se unen
íntima y totalmente en alma y cuerpo por el amor
que existe entre ellos. Entendía que el acto sexual
sólo puede efectuarse dentro del matrimonio ya que
es una manifestación de amor entre los esposos y
para la procreación de los hijos. |